Infraestructuras costosas
Al igual que un acueducto restaurado aún surte a la romana Fontana di Trevi, la Cloaca Máxima todavía hoy ejerce una cierta función de colector en la capital italiana. Muchos países —principalmente los más desarrollados— tenían ya importantes infraestructuras de saneamiento o —sobre todo— los recursos para crear y manener una red de saneamiento, y, en su caso, depuración y reutilización de las aguas residuales. Pero acometer inversiones de esta magnitud se antoja una quimera para la mayoría de países en desarrollo, que son los que enfrenta(rá)n los mayores problemas de saneamiento y escasez de agua segura. “La generación de aguas residuales es uno de los mayores desafíos asociados al crecimiento de los asentamientos informales —barrios de chabolas— en los países en desarrollo”, destacan los expertos que han elaborado el documento.
Por ejemplo Lagos, la capital de Nigeria, genera cada día 1,5 millones de metros cúbicos que acaban, en su mayoría sin tratar, en la laguna. ¿Cómo se costea dotar de todas las instalaciones necesarias a una urbe como esa, de 13 millones de habitantes? ¿O a Puerto Príncipe, la destrozada capital haitiana que sufre además los embates del cólera? "Los donantes tendrán que ser importantes", reconoce De Souza, admitiendo que muchos países no lo conseguirán por sí mismos. "Pero lo que intentamos es que fondos como el Banco Mundial, que están financiando proyectos de saneamiento, incluyan desde el principio el enfoque de reciclar y reutilizar el agua", añade el experto.
Porque para esos casos en los que, ni pensar en tratar o reciclar, no hay medios para recoger y canalizar los residuos, puede haber soluciones parciales, admite De Souza. Como mecanismos individuales (o de pequeña escala, familiar o comunitaria) para recolectarlos, convertirlos en abono o filtrarlos antes de dejar que se entremezclen en el entorno. Pero dependen de la actuación de sus usuarios, y no tienen la seguridad protocolaria de un sistema urbano establecido y regulado. Y, además, tampoco son especialmente baratos. "Si vas a invertir dinero en saneamiento, mejor hacerlo en algo definitivo, que funciona y que, además, va a dar como resultado un bien escaso: agua utilizable".
"Cada dólar invertido en infraestructuras para mejorar la seguridad del agua ofrece un retorno de la inversión del 400%", sostiene Benedito Braga, presidente del Consejo Mundial del Agua, un laboratorio de ideas que agrupa principalmente a empresas del sector, junto a ONG y otros actores. "Cada dólar son 4,3 dólares de retorno en [lo que se ahorra en] costes para la salud pública", sin tener en cuenta lo que se genere por el mayor desarrollo al que dé lugar la mejora en el saneamiento, agrega. Braga va más allá y estima que la inseguridad del agua le cuesta a la economía mundial 500.000 millones de dólares al año, impacto medioambiental aparte.
Dando por hecho un escenario de gestión pública, o al menos de cobro de tasas De Souza apunta más posibles beneficios para recuperar esa inversión. "Por cada gota de agua, el Estado puede recaudar tres veces: al vendértela para que la uses, al recogerla usada, y al revenderla una vez tratada para usos agrícolas, por ejemplo", ilustra. Recursos para costear las infraestructuras, o para invertir en otros capítulos, como sanidad, educación... Y además, se dispone de agua que se daba por perdida. Un negocio redondo —vienen a decir De Souza, Braga y los autores del estudio— para el mundo, al que le falta financiación. Esa que los romanos obtenían de conquistas y tributos sobre otros pueblos menos desarrollados.
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