Ni residual ni fecal: es agua


Hace más de dos milenios, las fuentes de la ciudad de Roma tenían agua fresca, que llegaba a la ciudad gracias a una extensa red acueductos. Los antiguos romanos bebían, se bañaban, hacían sus necesidades... y tenían también solucionado el problema de deshacerse de todas esas aguas sucias. La Cloaca Máxima, una de las redes de alcantarillado más antiguas del mundo, recogía los desechos y los expulsaba al río Tíber. Antes incluso de convertirse en un imperio, Roma ya había abordado el problema del saneamiento: las aguas residuales hay que tirarlas lejos.
Y, tristemente, más de 2.000 años después, aún hay grandes urbes en todo el mundo que acogen a muchas más personas que la antigua metrópoli romana y carecen de sistemas de colectores. Uno de cada tres habitantes de la Tierra sigue sin acceso a saneamiento adecuado. Y, por desgracia, 20 siglos después de aquel modélico sistema de acueductos, 12 de cada 100 personas carecen de acceso a agua potable. Y curiosamente, tras dos milenios, el enfoque de los romanos sigue siendo el predominante en muchos lugares del mundo: hay que deshacerse de lo usado cuanto antes. Con suerte, y como mucho, tratarlo para que no contamine demasiado. Y aun así el 90% de las aguas residuales fluyen sin tratar en el medioambiente. Y ensucian. Y, además, se pierden.
Este miércoles, con motivo del Día Mundial del Agua, Naciones Unidas ha presentado un informe de evaluación de los recursos hídricos, que se centra en las aguas residuales, y se pregunta si pueden ser un nuevo tipo de oro negro.
"Pero hay que cambiar incluso los términos: nada de hablar de aguas residuales", insiste Marlos de Souza, experto en agua de la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura). Es un primer paso para empezar a ver todo ese líquido como un recurso, en vez de como un desecho. "Como mucho, hablemos de aguas tratadas. O, mejor aún, de aguas recicladas", completa De Souza. El matiz es importante. Porque marca la diferencia entre avanzar un paso o dar dos de una tacada.
Depurar o tratar las aguas es lo mínimo que debe hacerse para que los residuos, al filtrarse, no contaminen el entorno, las aguas subterráneas o los ríos, como le sucedía al Tíber al recibir toda la porquería de la capital imperial. Y no causen enfermedades. En 2012, según el informe, se produjeron 842.000 defunciones por este motivo en países de ingresos bajos y medios.
Reciclar (reutilizar) es ir más allá. Es sumar a esa recogida y canalización de los residuos, y a su tratamiento, la posibilidad de aprovechar un bien cada vez más explotado. El 40% de la población mundial (que es hoy 25 veces mayor que en época romana y ha multiplicado por una cifra aún más alta la presión sobre las reservas de agua dulce de planeta) ya se enfrenta a la escasez.
Tradicionalmente, el agua residual o fecal se ha utilizado para el riego de plantaciones, por su utiidad como abono. Pero, sin tratamiento ni control, como aún ocurre en muchos países, especialmente en África, aparecen riesgos para la salud, advierte el informe. Por contra, en lugares como Jordania ya se utiliza para irrigación, de forma planificada y segura, el 90% del líquido usado y tratado. "En mi experiencia en Melbourne (Australia), donde se reciclaba agua tratada para uso agrícola, descubrí que los agricultores preferían comprar esta que depender de la lluvia. Porque llueva más o menos, siempre habrá residuos para depurar y reutilizar", apunta De Souza. "Y además, traían nutrientes como el fósforo o el nitrógeno que sirven como fertilizantes y que se ahorraban tener que comprar", añade el experto de la FAO.
La reutilización de estas aguas para regadío (no solo agrícola, sino también urbano o doméstico) se extiende cada vez más. Y el estudio presentado este miércoles en Durban (Sudáfrica), estima que para 2020 el mercado de tratamiento de líquido para su uso en la industria también habrá crecido un 50%, ya sea para calefacción o refrigeración. Sin olvidar las necesidades del pujante sector de la acuicultura. 
"Si queremos avanzar en este ámbito es esencial concienciar a la sociedad para que acepte el uso de aguas residuales”, mantiene al inicio del informe Irina Bokova, directora general de la Unesco, que ha elaborado el informe con la colaboración de distintas agencias y entidades de ONU-Agua. Precisamente ese cambio cultural será necesario para que se pueda generalizar el reciclaje para agua destinada al consumo humano. Es decir, para beber. La práctica, indica el estudio, es limitada todavía, con experiencias en Windhoek (la capital de Namibia, en el sudoeste de África) desde 1969. En San Diego (EE UU) y Singapur también se bebe agua reciclada sin peligro. O en la Estación Espacial Internacional, los astronautas llevan 16 años reciclando la misma agua una y otra vez.

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